Si el progreso científico - técnico permite el crecimiento y el bienestar integral del hombre con el consiguiente ahorrar de trabajo, ¿cómo es que e la gente esta atada a trabajos tan repetitivos que terminan por consumirla en hospitales donde reina el hacinamiento mientras los lúcidos líderes se arman de tecnología nuclear? Si produce abundancia, ¿cómo se explican las favelas de Río de Janeiro y los 250 millones de niños huérfanos en el mundo? Si hoy por sobre cualquier momento de la historia, nuestras elites están cada vez mejor preparadas, viviendo la tercera ola de las técnicas de gestión y el desarrollo vertiginoso de las TIC, con más información, con más organización y técnica, con abundantes capitales, ¿por qué existe una cultura del malestar? ¿De donde salen las muchedumbres solitarias del culto París? ¿Por que es pan de cada día, las noticias de hambre y crimen que nos dejan perplejos y con una irritación que nos arranca de raíz la escasa ecuanimidad restante? ¿Por qué existen las crisis planetarias en el medio ambiente lleno de humo, en los paradigmas económicos que no dan empleo, en los políticos que no dan credibilidad, en el alma que vive el sinsentido?
Estos son tiempos de personas más “altas” con caracteres más débiles, con más “libertad” pero menos alegría, con más oferta de comidas pero pésima nutrición. Son días en los que llegan dos sueldos a casa pero aumentan los divorcios, son tiempos de casas más lindas pero hogares rotos, un tiempo con demasiado en la vitrina pero poco puertas adentro.
La civilización contemporánea. Este espíritu esta literalmente podrido y se encuentra inyectando energía a las corrientes contradictorias de la modernidad. Ese es el espíritu de independencia y dominio sobre los otros hombres y la naturaleza, y es el que nos posiciona en la vivencia de la paradojal atmósfera moderna.
Tal cual, como parafraseando a Marshall Berman,
“ser modernos es encontrarnos en un entorno donde podemos correr a toda velocidad tras la aventura, tras el crecimiento, tras el poder, la transformación de nosotros mismos y la alegría, más en el intento corremos el mortal riesgo de perder y aniquilar todo lo que tenemos, todo lo que sabemos y todo lo que somos y fuimos alguna vez en el tiempo”.



Existen
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diversos modelos de "desarrollo", pero concuerdo contigo que el que describes es involutivo, poco desarrollado. Vivimos en un mundo donde todos los logros se tangibilizan, se expresan a través de "indicadores objetivos", lo cual hace muy difícil ver, aceptar y entender otras dimensiones humanas como la espiritual, la solidaridad, el amor.
Saludos cordiales
Ignacio